jueves, 6 de junio de 2013

Menor pobreza, más inclusión


Por: Juan Carlos Mortati


   El análisis de la pobreza ha estado siempre integrando el amplio abanico de problemáticas que se ponen sobre el tapete de los debates en la mayoría de las contiendas electorales.

  Ciertamente es un indicador clave de políticas progresistas o no tanto, pero siempre la medición de su nivel representa una problemática social clave en todo lugar y en todo territorio. Tal es así que no sólo ha sido una de las ideas presentes  en las alocuciones del Papa Francisco sino que, según informaciones,  su primera y próxima encíclica  considerará esa temática, que incluirá seguramente significativos abordajes con cuotas de categóricas autocríticas sobre el accionar de ciertos sectores eclesiales al respecto, al igual que algunos posicionamientos de políticas económicas a nivel mundial.

POBREZA CERO

  Si observamos la reflexión de la Campaña de Caritas Nacional de este año, vemos que se propone una meta desafiante:”Apuntamos  alto. Pobreza Cero”, un arduo cometido que contiene también  un gran compromiso social y testimonial, incansable, hacia el interior de la vivencia eclesial. Recordemos aquella admonición del propio Jesucristo en la aldea de Betania: “Porque pobres siempre van a tener con (o cerca de) ustedes, pero a mi no me tendrán siempre” (Juan 12,8). (Sí, ya se que los analistas bíblicos objetarán el contexto y las circunstancias en que lo dijo. Pero, la  advertencia en cuanto al compromiso, es muy clara).
 
   De todos modos, y aún por fuera de los encuadres confesionales, la lucha por la inclusión social ha sido uno de los constantes objetivos  de todas las políticas públicas. El desafío de alcanzar los mejores valores en el tratamiento de la distribución equitativa de la riqueza nacional ha establecido en forma permanente un parámetro moral de la equidad del conjunto del sistema político. El alcance de esa propuesta ha superado la sola participación salarial en el sistema, para incorporar en su medición además los niveles de proyección del sistema educativo, los indicadores de prestación en salud, el conjunto de los servicios urbanísticos, la economía política como factor de medidas productivas e inserción laboral y una adecuada progresividad tributaria. Condiciones básicas y globales que componen la estructura de todo plan que aspire a concretar la idea genuina de la visión socio-política de la justicia social, categoría incuestionable de toda sociedad que se realice en lo individual y lo comunitario.

“LOS CUENTE QUIEN LOS CONTARE”

   Algunos medios de prensa direccionaron hacia el Gobierno Nacional, una frase expresada por el Arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani. en su homilía de la ceremonia del pasado 25 de Mayo: “ la Argentina de hoy tiene demasiados pobres y excluidos, los cuente quien los contare”. En realidad la frase ya la había pronunciado hace unos años atrás el Cardenal Jorge Mario Baergoglio, el actual Papa y fanático de San Lorenzo de Almagro.
Si miramos la frase con detenimiento, vemos que no tiene un destinatario exclusivo, pero sí alude a algún conteo o estadística proveniente de distintas ópticas, “los cuente quien los contare”, inclusive habla de dos realidades, “pobres” y “excluidos”. No es desacertada la diferenciación.

  Complementando su reflexión, el Arzobispo Radrizaani dice en su Homilía, “es mucho lo que se viene haciendo, pero es mucho todavía lo que falta”, repitiendo casi las mismas palabras de los argumentos planteados desde el Gobierno cuando se estableció la Asignación Universal por Hijo. Es cierto, todo es poco, cuando se trata “de personas, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños”, continua Radrizani y remata diciendo que no constituyen “sólo un problema económico o estadístico sino primariamente un problema moral”. Aquí “cae la ficha” para comprender, lo de “pobre” y lo de “excluido”. También, casi textual con  las reflexiones que avalaron la institución de la AUH, que representó “el proceso más profundo de reducción de la pobreza y de la indigencia que haya tenido lugar en tan poco tiempo en la Argentina y en cualquier otro país de la región, mediante la transferencia directa de ingresos, de los sectores de mayores ingresos a los más desvalidos de la sociedad”, y a su vez mediante un sistema de pago evidenciado a través de la tarjeta bancaria que reduce al mínimo el manejo clientelista de lo que no constituye una dádiva sino un derecho. Esto último “encomillado” corresponde a una valoración sobre el tema que realizó la División de Desarrollo Social de la CEPAL.

  La tarea intensiva contra las anomalías que derivan en la pobreza y la exclusión social seguirá siendo un desvelo constante de todo Gobierno y estructuralmente constituirá el eje de las tensiones que se registran en todo proceso económico que debe encontrar las equidistancias sociales “en la distribución integral de las riquezas”.

  Constituyen las variables lógicas en sociedades que tienen vitalidad. La solidez de ese empeño deberá estar centrado en el proceso productivo generador de demanda laboral. Desde ese logro toda construcción social se hace posible. Como lo suele repetir el economista Bernardo Klisberg, “menor pobreza equivale a mayor inclusión social”.

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