miércoles, 28 de noviembre de 2012

La síntesis del más maravilloso paradigma



Por: Juan Carlos Mortati
 
   Es muy posible que sobre la vida y las virtudes de Osvaldo Catena esté todo dicho y escrito pero, también es cierto que cada vez que hablamos de él volvemos a recorrer un camino que, no por haberlo ya transitado, deja de sorprendernos nuevamente. Nos sigue seduciendo su estilo, su manera de  afrontar cada situación y su mirada comprensiva sobre la realidad. Ese maravilloso paradigma se deslizó sobre dos andariveles que fueron paralelos a lo largo de su vida: su pasión inagotable por la expresión musical  y la alegría de sentirse “hermano de todos”. Ese fue el método existencial que le permitió mantener una visión trascendente en todas las circunstancias en que le toco actuar y fue precisamente por eso que en cada lugar que transitó pudo construir realidades fructíferas y convocar sinceras voluntades, concretando hechos y sucesos que sirvieron para transformar profundamente la vida comunitaria, la convivencia y movilizaban los objetivos de cada grupo. “…iré, a cada lugar, a cada casa, a cada persona con amor… siempre de paso como a lo definitivo”, así nos dejó escrito su pensamiento.

 El padre Catena supo descubrir y potenciar en la gente valores y heroísmos sorprendentes. Junto a él cada uno encontró una misión, un compromiso y un nivel de entrega. Todos tenían una tarea, todos eran útiles, todos podían construir, nadie era descartado.
 
 Tuvo la capacidad de hacernos sentir la situación más simple como si fuera el suceso más espectacular, o transformar la charla más intrascendente en la gran revelación esperada. Nos acercó e hizo popular la teología, quizá porque tenía siempre presente que “donde hubiera varios reunidos en Su Nombre, El estaba presente en medio de ellos”. Desde esa fe tangible cada cosa cobraba sentido: la charla, el canto, la comida, el abrazo. Todo quedaba al alcance del Señor de la Historia, y cada historia, por humilde y austera que fuera, quedaba involucrada, valorada, redimida, recibía el toque de lo sublime.

   Desde ese pragmatismo con que desplegaba y vivía el Evangelio, el padre Osvaldo nos transmitió con sencillez el mensaje de la convivencia y el Amor, como la siempre “buena nueva y gran noticia”. Pudimos percibir en él la síntesis del más maravilloso paradigma.

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