miércoles, 26 de octubre de 2011

Soñar




Por: José Silva


   Por más que la suerte te azote o te acaricie, hazte un lugarcito para imaginar que siempre habrá un camino hacia dónde ir. Pero para ello, debes cerrar los ojos y soñar. Y mientras sueñes, imagínate:
   VER la mano de DIOS posándose sobre la humanidad: cuantas rodillas serán las que se doblen; cuántas espinas serán las que las lastimen; cuantos gritos serán los que imploren, mientras tú, en ellos, esperas el Juicio Final.
   CREAR fantasías: Un manojo de emoción condimentado con la chispa de tú imaginación.
   VER más distante de lo que los ojos observen. Es haber logrado alcanzar lo que la distancia os nos tiene.
   VIVIR pendiente de los sueños, es como enmascarar a la realidad con los miedos, sin llegar a ser dueño.
   VER que al descubrir tu camino, también pude descubrir el mío.
   AMAR enfrentando la marea, se dice que no a todo pez se lo obtiene con una red cualquiera.
   OLVIDAR apelando a la soledad: Son rencores que no se van y que siempre atormentarán.
   OIR en tu puerta a la pobreza golpear, pues ¡ábrele! Que la vergüenza ella no es.
   SER el sembrador de espinas, donde la perversidad martiriza a la vida. No habrá fruto sino tortura. De quien lo ejerce y lo determina.
   LLORAR más teniéndolo todo: ¿Qué dirá de ti aquél que con un pañuelo está penando solo?
   ANDAR buscando el secreto de la Bendita Palabra: No la busques en los ojos. Mírale el alma.
   NACER pureza: Sublime poema de la inocencia.
   ESCUCHAR por un hijo, llorar a una madre, es como sentir a la vida, vaciando la tarde.
   OBSERVAR la queja del rico por los intereses, mientras el pobre claudica sin tener creces.
   Imagínate.
   Imagínate todo lo que no hayas imaginado.
   Tal vez, así, imaginando encuentres todo lo inmolado.
   Pero cuando imagines, hazlo imaginativamente hablando. No seas un número imaginario. Sé la potencia o la facultad de haber sabido usar el Sentido Común.
   ¡Felicidades!
   Y el sol brilló más fuerte que nunca, iluminando el camino por donde me eché a andar, con mis forjas cargadas de ilusiones, pensado en hallar el País Nuevo; aunque este no estaba más allá ni más acá, que en mi propio, y en mi mismísimo, País Viejo.

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