martes, 12 de marzo de 2013

Un largo Adiós…, perdurable


Por: Juan Carlos Mortati

    Sobre Hugo Chaves Frías, en estos días se de ha dicho literalmente todo. Propios y adversarios penetraron todos los medios posibles para expresar desde el más emblemático y sentido encomio hasta el improperio más deleznable. Me reservo una frase, dicha en cierta oportunidad por el mismo Chaves: “el proceso es mayor que el individuo”, y esta expresión no está citada para cumplir con una adornada retórica, para quedar bien con las  circunstancias. Considero que es válida desde un punto de partida necesario y sin aprehensiones desde el cual comprender el devenir de este tiempo del que son partícipes muchos países de este lugar del mundo: la revitalización de un genuino pensamiento latinoamericano.

    Para avanzar sin tropiezos innecesarios  en este análisis hay que dejar de lado la idea de una izquierda puramente dogmática y un progresismo adusto y cerrado ya que, “resulta paradójico que el pensamiento de parte de la izquierda y el progresismo, que por definición debería ser abierto, creativo y desestructurado, sea todo lo contrario, dogmático, ortodoxo y cerrado y, por lo tanto, muy limitado para participar en procesos reales de transformación, por lo que terminan quedándose a un costado de la historia a la espera de su improbable mesías divino, perfecto y supremo.”

    EL SUEÑO LATINOAMERICANISTA
    Las luchas y los triunfos en estos territorios del Cono Sur desarrolladas en el siglo Diecinueve representaron la independencia de un tipo de coloniaje, el que dejó “las venas abiertas de América latina”, como lo reseña con plena crudeza en su libro homónimo el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Sin embargo, por los intersticios económicos y culturales se fue colando otro coloniaje, otra dependencia, más moderna y sutil pero imperialista al fin.

  En esa puja por recuperar aquel paradigma sanmartiniano-bolivariano, de restablecer una herencia histórica independentista -que podemos ubicarla ya a fines de aquel lejano1700-, en nuestra contemporaneidad, a las puertas del nuevo milenio del 2000, “Chávez fue el primero de un fenómeno que se extendió casi inmediatamente en América latina con Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Lula y Dilma Rousseff en Brasil, Pepe Mujica en Uruguay y, mientras duró, Fernando Lugo en Paraguay. Son procesos de apertura, lo cual implica grandes espacios de debate. Es un planeta diferente al de treinta años atrás. Con contextos mundiales y tecnológicos esencialmente diferentes, las herramientas tienen que ser también necesariamente nuevas, lo cual deja grandes espacios para avanzar y riesgos para la equivocación. Esos gobiernos enfrentan esos desafíos más las olas reaccionarias que tienen gran poder y no cambian.”

    Ese cambio que transitó la geopolítica en lo económico, en lo social, en la apreciación de lo cultural, se manifestó en una universalidad que se ha venido a convocar como “un cambio de época”, donde se amplió el escenario de participantes desde un fenómeno social de mayor inclusión, sustentado en el rescate del sentido de lo nacional, de  lo individual como planteo de incorporación de más sujetos de derecho  y con una visión del sentido colectivo, desde el cual dar empuje a una identidad revalorizada en la pertenencia genuina de lo  popular, que significa ese amplio marco de valoraciones donde la dignidad humana establece un grueso trazo de igualdad, tanta veces borroneado. Para esto fue necesario reparar las bases y estructuras de un proceso de economía política que replanteó nuevos intereses y nuevos objetivos, los propios, los internos y también los regionales. Esta integración estableció una estrategia distinta para afrontar los desafíos lógicos que habría de enfrentar. Por eso, una de las enseñanzas más importantes que deja el paso airoso de Chávez por América latina es el de una de sus consignas preferidas: “O inventamos o fracasamos”, frase manifestada en su tiempo por Simón Bolívar.

 EL RECAMBIO Y LA CONTINUIDAD
“La importancia de Chávez es que rompió la hegemonía neoliberal en el mundo y tras ello fue el primero en poner sobre la mesa experiencias sociales donde la economía estuviera al servicio de la comunidad y no al revés. Tras el derrumbe de los llamados socialismos reales y las impotencias socialdemócratas, lo que se abrió fue un futuro incierto, de caminos inexplorados, sin el paraguas de las viejas certezas y los antiguos paradigmas.”
  Había que avanzar desde la reparación de necesidades sociales desdeñadas y de toma de decisiones substancialmente contundentes. Tiempo de demanda social impostergable y soluciones técnicamente  vigentes, que urgía profundizar en la realidad a través del riesgoso terreno de la puja con altos intereses largamente enquistados en los  espacios aglutinados por las diversidades del poder económico.
  Hugo Chaves inició ese camino como un pionero extraño, no sólo en Venezuela. Su impronta transitó, a veces temida otras tantas polemizadas, la innovadora amplitud de lo que hoy constituye la Unasur y la Celac, siglas emblemáticas de un cambio que se hizo cuerpo en el territorio que constituye la realidad latinoamericana. “La ausencia de Chaves ya produce un vacío impresionante” e instala a lo ancho de la región la incógnita de la continuidad de esa intensa lucha.
Ha sido un largo adiós, prolongado en el dolor del pueblo venezolano, perdurable en muchos millones más en la necesidad de conciliar el  vetusto y paradigmático proyecto latinoamericano.
Material de consulta “O inventamos o fracasamos”, de Luis Brustein                                                     

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