miércoles, 5 de diciembre de 2012

Un salto cualitativo



Informes que alientan
Nota I 
                                            
Por: Juan Carlos Mortati

   El análisis de los niveles de pobreza ha sido siempre una señal que representa una nota de calificación para la gestión del Gobierno de turno. Desde todo el arco del pensamiento socio-político se cuestiona y se evalúa constantemente esa postal de la realidad. Inclusive, como todos los años, la pasada semana, el Sínodo de Obispos de nuestro país formuló un documento crítico sobre la realidad social, configurado como saludo navideño que, más allá de lo estrictamente declamatorio, no genera aportes consistentes en lo que hace a los planteos que el tema implica, evidenciando nítidamente la enunciación de secuelas de rivalidades políticas con el ámbito gubernamental. Desde el otro sector religioso, el que  agrupa a los curas de la “Opción por los pobres” o post tercermundistas, los que transitan por “las villas y el barro” como lo describe el Padre De la Serna, lo que podríamos considerar el contra-documento al de los obispos, se observa una mirada distinta, más esperanzada y concreta, fruto de un  trabajo territorial, intenso y empírico, por esos lugares que se adueñó la pobreza.

   Bernardo Klisberg, ese magistral economista argentino, nos dice en su trabajo “Ética para el Desarrollo”, que la preocupación de la cuestión social de la pobreza pasa por comprometerse en los laberintos humanos y condiciones que la generan, pero que la tarea más efectiva sólo se logrará cambiando los ejes estructurales que conforman toda la trama de la realidad socio-económica. Es decir, hay decisiones fundamentales que deben tomarse para acercarnos a soluciones necesarias del problema.


INDICADORES QUE HABLAN
                
   En una reciente nota, Alfredo Zaiat, expresaba “Con muy pocas semanas de diferencia se difundieron dos documentos del Banco Mundial y otro de la Cepal (Consejo Económico para América Latina y el Caribe) que muestran con datos duros estadísticos y evaluaciones cualitativas que la situación social ha mejorado en América latina en los años de gestión de gobiernos progresistas, durante la primera década del nuevo siglo.”

   Es importante prestar atención a las fuentes de origen de estos datos, sin duda los representantes más eminentes de los dos criterios imperantes en materia socio-económica: el Banco Mundial, de neto corte liberal y la CEPAL, una entidad internacional  que trabaja sobre estudios estructuralistas, estadísticas, por sectores y zonas, tomando en cuenta los indicadores macro y núcleos específicos, composiciones y crecimientos regionales y componentes socio-económicos de los distintos ámbitos.

   Más adelante Zaiat prosigue, “La cantidad de pobres e indigentes sigue siendo elevada y la desigualdad en la distribución del ingreso continúa siendo obscena en la región. La relevancia de las investigaciones del Banco Mundial y de la Cepal consiste en que exhiben que el deterioro social durante la vigencia del neoliberalismo fue frenado y comenzó un cambio de tendencia a partir de políticas económicas de gobiernos progresistas.”

  Luego, el informe de la CEPAL, “Panorama social de América Latina 2012”, avanza sobre una cuestión que está en la raíz del problema y se encarga “en precisar el desafío de la región, al destacar que en la mayoría de los países un conjunto reducido de la población acumula una gran proporción de todos los ingresos generados, mientras que los más pobres sólo alcanzan a recibir una escasa porción”.

  El estudio realizado sobre países de la región indica los siguientes valores, “el promedio simple de los valores de los 18 países de los que se cuenta con información relativamente reciente indica que el 10 por ciento más rico de la población recibe el 32 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 40 por ciento más pobre recibe el 15 por ciento”.


UN CAMBIO DE EPOCA

   Pese a esos desniveles sociales que persisten, los informes mencionados, señalan que muchas de las realidades cuestionadas por algunos sectores económicos, son precisamente los factores que vigorizaron situaciones de cambios favorables como la “intervención del Estado en la economía, el aumento del gasto social orientado a grupos vulnerables y las políticas de fomento del mercado interno y de industrialización creadoras de empleo”.

   Mantener ese salto cualitativo constituye el gran desafío para los países latinoamericanos que se aventuraron en ese viento de cambios, ya que deben congeniar los desniveles propios de la economía interna con los avatares que llegan desde las crisis externas. La evolución positiva de los números estadísticos auspician que el rumbo tomado es acertado, la persistencia en él constituye el cometido más exigente de este cambio de época.
 En la próxima nota avanzaremos sobre otros indicadores del citado informe internacional que muestra análisis detallados de la  vigente  asechanza de la pobreza.



           (Material De Consulta: “Menos pobres”, Alfredo Zaiat)

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