Por: Juan
Carlos Mortati
Por esto días, indefectiblemente durante
todos los años, comienzan a rondar por los pupitres de legisladores y ediles
los Expedientes que contienen los números y programas que definen los distintos
Presupuestos. Para algunos legisladores, el Presupuesto es considerado como
“La Ley de Leyes”, frase que contiene
ciertas reminiscencias bíblicas ya que, nombrado así de esa manera
escalofriante, evoca casi a un decálogo, a un encuadre normativo dentro del
cual hay que moverse, sin trasgredirlo. Algo de eso hay.
Como su nombre lo grafica, el Presupuesto,
consiste en una planificación de lo que se piensa ejecutar durante un período
de gestión de gobierno. Un posicionamiento previo, donde se analizan las
posibilidades de función y los recursos para su realización. Ante las
exigencias que nos “pro-pone” la realidad y las circunstancias, “su-ponemos” o
“sobre-ponemos” el plan diseñado. La lógica nos dice, que una cosa debería
“encajar” correctamente sobre la otra.
Valga la
metáfora, con su referencia arquitectónica, porque el Presupuesto es, durante
todo su desarrollo, una auténtica construcción, con su plan, su diseño, su
armado y su ejecución progresiva.
EL ENFOQUE
Demos un paso más. En
el terreno en que vamos a movernos, el Presupuesto es, sin más aditamentos, un
Proyecto Político y es aquí donde le caben consideraciones especiales y
adquiere también dimensiones muy particulares. Además, una cuestión se vuelve fundamental:
cual es su enfoque, su orientación, ya que de esa visión derivarán su prioridades
y tomarán forma las dinámicas sociales de sus objetivos.
Existe un primer
paso ineludible en su confección, el planteo “técnico-contable”, que lo
configurará en todo su recorrido, que llevará implícito el análisis económico y
financiero como estructura básica, equilibrando
el permanente vaivén entre gastos y recursos, con la mirada atenta sobre ese margen lumínico
que señala el límite de la capacidad de endeudamiento, para garantizar que el
funcionamiento global del Organismo institucional no se desnivele.
Una segunda línea de
acción, nos permite considerar el Presupuesto como instrumento y herramienta,
como diría don Lisandro De la
Torre, en sus gloriosas arengas en el Congreso de la Nación, donde lo considera “como
medio fundamental en la toma de decisiones soberanas”. Es cierto, él hacía
referencia entonces al posicionamiento nacional frente a la presión de los
frigoríficos británicos en su predominio en la comercialización de las reses vacunas,
a consecuencia del pacto Roca-Runciman, el histórico “debate de las carnes”.
Pero la idea es similar. Un ordenado control y manejo presupuestario otorga
soberanía y autonomía de acción.
Desde esta misma
postura desarrolló una Cátedra en al Universidad de Belgrano, bajo el título de
“Administración estratégica”, el ex diputado (2005/2009) de la Ciudad Autónoma de
Bs. Aires, Demócrata Progresista, el economista dr.Luis Alberto Galvalisi, donde
manifestaba que en la administración presupuestaria “no hay que perder de vista
su contenido político-humano. Este debe ser el enfoque desde donde se aborde la
política de los distintos programas, los sectores sociológicos, las clases
sociales y las prioridades sociales… en función de la teoría del bienestar
social”.
LA COMUNIDAD
ORGANIZADA COMO FINALIDAD DEL PROYECTO POLITICO
A grandes
pinceladas observamos al Presupuesto como una estructura contable
administrativa, como instrumento de ejecución de un programa político, pero hay
una tercera faceta que profundiza ambos contenidos, el Presupuesto como factor
de integración comunitaria.
El Dr. Jorge Castro,
habitual columnista del Diario Clarín, en un
trabajo suyo titulado “Vigencia del Pensamiento Estratégico de Perón” expresaba
lo siguiente, “…las verdades que no sean capaces de transformarse en
instrumentos de acción y por lo tanto de transformación de la realidad, son
verdades que no viven”…”por eso es imprescindible que aparezca el concepto y la
práctica de la comunidad organizada”… ”comunidad es el restablecimiento del
sentido de la vida en común y de las verdades últimas en un mundo en que domina
la técnica y el individualismo”… ”al mismo tiempo, el sentido de la comunidad,
esto es, de la pertenencia del individuo a una realidad colectiva que lo
trasciende, para ser instrumento de transformación, debe estar acompañada de la
organización, esto es, del poder”… ”sin poder, sin organización, que para Perón
son sinónimos, no hay forma de que este sentido de la comunidad transforme la
realidad”.
El Presupuesto en su funcionalidad técnica y en su instrumentación política debe concluir en la
transformación e integración comunitaria. Ese es su objetivo de máxima y como vimos en esta
rápida recorrida por el arco del pensamiento político argentino, encontramos
“denominadores comunes”, como solía repetir Don Raúl Alfonsín, que nos alientan
a pensar que la temporada presupuestaria es un tiempo esencialmente fructífero
y de definiciones substanciales para el desarrollo de los pueblos y de cada comunidad.
Un poner a la par y sintonía la gestión de gobierno y el historial comunitario.
Una conducción eficiente y una constante participación.
(Material de consulta, “El
Presupuesto como instrumento en la toma de decisiones”, Luis Galvalisi;
“Vigencia del pensamiento estratégico de Perón”, Jorge Castro; Film “Asesinato
en el Senado de la Nación)

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