Por: Juan Carlos Mortati
La posibilidad de la inclusión en el
circuito electoral a una franja etaria que cubre desde los 16 a los 18 años de edad abrió
un nuevo escenario de debate. Enriquecedor, sin lugar a dudas, pues se ampliará
el espacio de consensos, junto a los varios proyectos parecidos que estaban
ingresados en la agenda parlamentaria, desde la iniciativa de otras fuerzas
políticas. El planteo oficialista en este caso actuará de movilizador de todas
las propuestas existentes. Si es el
momento oportuno?, podríamos responder que las movidas electorales son cada dos
años. La próxima abarcará al sector
legislativo, y puede significar una buena oportunidad de efectivizar la idea.
Las posturas en contra de la medida
representarán una intensa y rica instancia para profundizar los argumentos y
contenidos que sostienen la inmediatez del proyecto. Como toda medida
innovadora merece su contextualización y un análisis de todos los aspectos en
pro o en contra de la misma.
EL MUNDO PERSONAL Y EL PARADIGMA DE EPOCA
La edad a la que nos referimos es el tiempo
donde comenzamos a definir los primeros pasos del proyecto de vida de cada uno,
las primeras visualizaciones de nuestro porvenir, donde comienzan a
desarrollarse las ideas y los puntos de vista sobre las realidades de la vida.
Los iniciales posicionamientos ante lo que nos circunda y ante los demás. Es la
etapa en que comienzan a
bosquejarse las decisiones y
preferencias clave, el mundo donde aparecen con perfiles más nítidos nuestra
personalidad y la conciencia de nuestra subjetividad, como percepción de
nuestra individualidad y su dinámica en el espacio social. Es un claro tiempo
de opciones. Cuanto más sustento entonces, posee la oportunidad de decidir
sobre un modelo de sociedad que sustente nuestros ideales y donde se desea
concretar ese proyecto de vida, personal
y abierto a lo colectivo, en toda su
dimensión.
Hace ya un tiempo que el universo
socio-político comenzó a poblarse de voces más jóvenes. Un proyecto de
construcción de lo nacional emergió con una renovada intensidad sobre el
horizonte con la idea de ampliar la participación y la inclusión, para todos quienes
convivimos en esta Argentina. Hubo un
especial llamado para acrecentar
el territorio de las conciencias individuales en un escenario colectivo,
compuesto de nuevos compromisos y auspiciantes realidades. Existió una convocatoria, vociferada de sentimientos e
ideales, a ser parte de una experiencia que empezaba a tener sentido, que no
era utópica, que salpicaba intensas
realidades constantemente, que difundía invitaciones a integrarse desde
roles indispensables, propios e insustituibles. Aparecieron nuevos íconos
reflejando eternas realidades que ahora salían de su ocultamiento. Habían
estado ahí, pero ahora se las volvía
convocar como esenciales. No eran exitismos oportunistas, sino triunfos ya
consolidados que buscaban salir de su repliegue, de su sueño, para transformarse en vocaciones activas,
surgentes, puras, reconfortantes. Representaban una universalidad aggiornada,
prefigurada en anticipos, que urgidos de realizaciones iban ejecutando su
réplica por todas partes, singular y comunitariamente al mismo tiempo, de una
manera individual y participativa, quizá, la contemporánea encarnación de aquel
“subsuelo de la patria sublevado”, memorizando la alegórica frase de don Raul
Scalabrini Ortiz. Hoy diríamos, los invitados al bienvenido paradigma de la
época. Los nuevos convocados, con los 16 “abriles” flamantes en su DNI.
CALCULOS Y CONJETURAS
Estos hechos tienen su interpretación colectiva y una sobre-lectura,
imposible de destructurar de una comprensión alejada de la realidad y su
contexto social, “porque
esta discusión es imposible fuera de ese marco. Los procesos de inclusión y
ampliación de derechos se dan en el territorio de la política que es donde se
encuentra la fuerza para concretarlos. Hablar en términos abstractos de
justicia y derechos es imposible. El solo hecho de intentarlo tiene un efecto
reaccionario en contra de esos derechos. Y las políticas miden su
progresividad, menos por la enumeración programática que por la medida en que
son capaces de reunir una masa crítica suficiente para concretar esas
transformaciones”, así comenta en una nota resiente el periodista Luis
Bruschtein.
La nota periodística ingresa de pleno en la
apreciación electoral del tema,
expresando, “en ese sentido, el que impulsa el voto a los 16 años tiene también un
interés político, como lo tienen los que están en contra. Pero de allí a
denunciar que en ese voto se juega la posibilidad de una potencial
re-reelección de la
Presidenta es merecedor de un cero en matemáticas. El
universo de jóvenes entre los 16 y los 18 años es de un millón y medio, dos
millones, de los que seguramente votarían muy pocos, y muchos menos en esta
primera vez. De ese universo podría decirse, con toda la furia, que votará
menos de la cuarta parte (seguramente será mucho menos todavía) con lo cual,
aun cuando todos votaran al mismo candidato, no le sumarían más de un punto y
fracción. O sea: no definen ninguna elección”.
Ante una oposición desconcertada, sin
fortaleza ideológica, que sigue sin interpretar los signos de los tiempos,
aprisionada por una agenda esquisofrénica y nerviosa que le proveen los medios,
el Gobierno volvió a tomar la delantera y la iniciativa en el terreno de las
decisiones políticas. Cuando en su Campamento de El Plumerillo, José Francisco
de San Martin, les habló a su gente, desprovista de pertrechos y limitada de
recursos, diciéndole “…y si es necesario enfrentaremos al enemigo en pelotas”,
no estaba expresando una arenga impregnada de humor y ocurrencia, les estaba
hablando de la gran prioridad por la que estaban ahí. Esos hombres
comprendieron bien el mensaje.
La invitación voluntaria a los jóvenes a
expresar sus sueños de una sociedad posible y cada vez mejor, desde el voto
electoral a partir de los 16 años, se abre una convocatoria generacional. Quizá
represente el capítulo complementario de aquella obra estupenda, “Juvenilla”
que escribiera Miguel Cané, “No
he conseguido por cierto ni aún acercarme a mi ideal, pero estoy contento de mi
esfuerzo, porque si no lo he encontrado, por lo menos he buscado el buen camino”.

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