Por: Juan Carlos Mortati
La palabra “crisis” ha estado de actualidad casi permanente estos últimos años.
Algunos la interpretan como la expresión de una situación de derrumbe y caos
generalizado. Otros le dan el valor de una situación comprometida en un determinado
período. Dificultad, problema, conflicto. Lo interesante es meternos en el
origen de la palabra crisis. Tiene dos fuentes, casi similares: proviene del
griego, “Xrisis”, que significa juicio, otros la derivan de “Krinein”, que se traduce
por discernimiento. Ambos enfoques nos hablan de “crisis”, como una actitud y
un tiempo de análisis y evaluación de una situación dada, a fin de definir un
plan de acción eficaz. De esto podemos deducir que una situación complicada,
nos tiene que motivar a “estar en crisis”, es decir, en un proceso de búsqueda
de soluciones y alternativas de salida. La actitud entonces, cambia
rotundamente. La dificultad o el conflicto, es abordado con un criterio
distinto, desde un análisis que intenta resolver el problema, sin quedar
enmarañado en su trama.
LA TECNICA
F.O.D.A.
La reflexiones del comienzo nos pueden
estar dando la sensación de que estamos avanzando en un terreno algo denso. Sin
embargo, la explicación es sencilla. Es fundamental ante un problema, tener
claro desde que situación partimos y, con
certeza, el punto a donde queremos
llegar.
Esto nos lleva a considerar una forma de trabajo que, si
bien nació como método utilizado estratégicamente en varias disciplinas de
estudio, hoy la aplican también las grandes empresas para definir sus
posicionamientos económicos, sus análisis de mercado y su accionar en
consecuencia: estamos hablando de la Técnica F.O.D.A. Un estar en crisis; un
posicionamiento crítico ante un problema.
Es muy sencillo. Ante
un problema, primero nos miramos nosotros mismos, como estamos posicionados.
Que Fortalezas tenemos a mano y que Debilidades nos limitan; hacia el exterior,
el ámbito y el contexto donde tenemos que actuar, observamos las Oportunidades
que se nos ofrecen y que Amenazas están cerca (F.0.D.A.). En lenguaje cotidiano,
hacemos un rápido chequeo; algo así como el clásico: qué?. Cómo? y para qué?
La situación comprometida del Viejo Continente en materia
socio-económica ha extendido hacia el resto de los países de nuestro mundo un
escenario complejo, en concordancia con este mundo globalizado que nos
impusieron como sistema. Ante esto, cada país intenta protegerse y mantenerse
lo más fortalecido posible, eligiendo el modelo de construcción económica que
considera que mejores resultados le ofrece. El del ajuste irrestricto, priorizando
el esquema financiero o el planteo más abierto, desde una economía social
expansiva haciendo eje en la producción, como sustento de la dinámica del
crecimiento y del desarrollo.
La opción no resulta indiferente, ya que el criterio que se
elija es definitorio pues, el qué?, el cómo? y el para que? difieren
diametralmente es sus objetivos y resultados, de acuerdo al camino elegido.
Ya hace unos años en
Argentina se optó por un plan que recuperara su capacidad productiva como
garantía de crecimiento. Su programa consistió en aplicación de políticas
públicas, sustentadas en una economía social que restableciera el potencial
industrial y la capacidad productora de cada región. Esta dinámica
expansionista y generadora de demanda agregada, se fortaleció con una política
social y laboral inclusiva, para que el país consolidado generara recursos
óptimos y seguros.
Sin embargo, los hechos, las circunstancias y ciertos
resultados parecen indicar que hay objetivos pendientes. La profundización de
algunas directrices de acción no alcanzaron la amplitud de logros que se esperaba, sobretodo en la
parcialidad de los beneficios computados
como misiones cumplidas y su alcance, de acuerdo a distintos sectores sociales.
EL ESCENARIO DE LOS RECLAMOS.
En relación a las movilizaciones de hace
unos días, en muchas ciudades del país, el periodista Mario Wainfeld dice en
una nota suya, “Juan Carlos Blumberg en 2004, las patronales agropecuarias en
2008, ahora los neocaceroleros... para el kirchnerismo es un clásico que sus
adversarios irrumpan en la calle o en las rutas en el primer año de sus
mandatos. Hay recurrencias dignas de atención: siempre le toca en momentos de
auge, con la oposición política diezmada. Siempre sorprende y excita a las
tribunas de doctrina tanto como a los palcos VIP. Sin embargo, la historia no
se repite como un calco, entre otros motivos porque las circunstancias cambian
y los participantes tienen memoria. Nada garantiza que no cometan errores
similares a los del pasado (la condición humana es demasiado falible para eso),
pero la dialéctica de la historia jamás calca un escenario años después”.
Más adelante, testeando
la sensación térmica de los sucesos últimos expresa, “La movilización del
jueves movilizó mucho menos “gente” que el falso ingeniero (Blumberg) cuando
irrumpió, pero superó las expectativas de propios y extraños. Mejoró la
autoestima de la oposición, les infundió mística a los participantes, sentó las
bases para otra movida. Los que estuvieron el jueves están motivados para
repetir la jugada, hay condiciones para que amplíen su convocatoria. El éxito
relativo atrae, la idea de que la asistencia es un grupo focalizado y estático
peca de lineal”.
Evidentemente, este
segundo párrafo transcripto, plantea un posicionamiento prudente ante esas
manifestaciones y reclamos. La mirada sobre ese escenario no puede ser rápida y
displicente, de parte del Gobierno Nacional. El tema merece toda la atención
posible. La situación amerita un repensarse a sí mismo, en base a el fondo y la
forma del proyecto nacional diagramado. Exige y optimiza la aplicación del
método “crítico”, del que hablábamos al comienzo, sobre el panorama general y
la situaciones dadas.
Es cierto también, como lo dice Wainfeld en su
nota que, “Nada definitivo ocurrió ahora, el Gobierno conserva la legitimidad
que le confirió el pueblo y las bancas legislativas que le permiten
concretarla. Su contrato electoral está intacto, es poco serio suponer que
reforme (o que debería reformar) su rumbo general. Pero todo gobierno
inteligente y atento a su conservación debe atender a la calle, pulsar lo que
pasa, entender que la foto es una secuencia de una película cuyo argumento no
está escrito”. Ese argumento o relato pendiente surgirá necesariamente, de la
comprensión acertada de la realidad y sus circunstancias, de la articulación lo
más sustentable y equilibrada posible de los reclamos y de los requerimientos que
provienen de diferentes sectores de la sociedad.
El otro parámetro clave se corporiza en la fortaleza estructural que debe seguir
manteniendo el Estado “en sus medidas fundantes”, ya que el tramo a recorrer es todavía largo, y
tendrá que mantener los indicadores económicos activos y en lo posible de una
altura satisfactoria de manera que, necesidades e intereses puedan
convivir indemnes. Este es el desafío
crucial. Habrá que mirar con cuidado, dice Wainfeld, “si en algún caso no se ha
tirado al niño con el agua”, parafraseando ese dicho popular.
En esa
línea de precaución, muchas de estas cuestiones fueron abordadas en un congreso
que se desarrolló en la
Universidad de Córdoba, desde el espacio La Gran Makro, a través de
distintos paneles de debate, para planificar cual es la estrategia a plantear
para afrontar la crisis internacional, mercado de trabajo y pobreza,
industrialización y administración del comercio exterior, los rasgos que asume
la coyuntura en un mundo interdependiente agitado por nuevas confrontaciones y
otros temas consecuentes. Es bueno, curar en salud.
Por supuesto, no habrá que perder de
vista, el segundo concepto que encierra la palabra crisis, como vimos al
principio de este comentario. Por lejos, mucho más estratégico y democrático
que “el portazo épico” sugerido por el amigo Fontevecchia.

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