miércoles, 19 de septiembre de 2012

Es bueno, curar en salud


Por: Juan Carlos Mortati

   La palabra “crisis” ha estado de  actualidad casi permanente estos últimos años. Algunos la interpretan como la expresión de una situación de derrumbe y caos generalizado. Otros le dan el valor de  una situación comprometida en un determinado período. Dificultad, problema, conflicto. Lo interesante es meternos en el origen de la palabra crisis. Tiene dos fuentes, casi similares: proviene del griego, “Xrisis”, que significa juicio, otros la derivan de “Krinein”, que se traduce por discernimiento. Ambos enfoques nos hablan de “crisis”, como una actitud y un tiempo de análisis y evaluación de una situación dada, a fin de definir un plan de acción eficaz. De esto podemos deducir que una situación complicada, nos tiene que motivar a “estar en crisis”, es decir, en un proceso de búsqueda de soluciones y alternativas de salida. La actitud entonces, cambia rotundamente. La dificultad o el conflicto, es abordado con un criterio distinto, desde un análisis que intenta resolver el problema, sin quedar enmarañado en su trama.


LA TECNICA F.O.D.A.

    La reflexiones del comienzo nos pueden estar dando la sensación de que estamos avanzando en un terreno algo denso. Sin embargo, la explicación es sencilla. Es fundamental ante un problema, tener claro desde que situación  partimos y, con certeza,  el punto a donde queremos llegar.
Esto nos lleva a considerar una forma de trabajo que, si bien nació como método utilizado estratégicamente en varias disciplinas de estudio, hoy la aplican también las grandes empresas para definir sus posicionamientos económicos, sus análisis de mercado y su accionar en consecuencia: estamos hablando de la Técnica F.O.D.A. Un estar en crisis; un posicionamiento crítico ante un problema.
 Es muy sencillo. Ante un problema, primero nos miramos nosotros mismos, como estamos posicionados. Que Fortalezas tenemos a mano y que Debilidades nos limitan; hacia el exterior, el ámbito y el contexto donde tenemos que actuar, observamos las Oportunidades que se nos ofrecen y que Amenazas están cerca (F.0.D.A.). En lenguaje cotidiano, hacemos un rápido chequeo; algo así como el clásico: qué?. Cómo? y para qué?

La situación comprometida del Viejo Continente en materia socio-económica ha extendido hacia el resto de los países de nuestro mundo un escenario complejo, en concordancia con este mundo globalizado que nos impusieron como sistema. Ante esto, cada país intenta protegerse y mantenerse lo más fortalecido posible, eligiendo el modelo de construcción económica que considera que mejores resultados le ofrece. El del ajuste irrestricto, priorizando el esquema financiero o el planteo más abierto, desde una economía social expansiva haciendo eje en la producción, como sustento de la dinámica del crecimiento y del desarrollo.
La opción no resulta indiferente, ya que el criterio que se elija es definitorio pues, el qué?, el cómo? y el para que? difieren diametralmente es sus objetivos y resultados, de acuerdo al camino elegido.
  Ya hace unos años en Argentina se optó por un plan que recuperara su capacidad productiva como garantía de crecimiento. Su programa consistió en aplicación de políticas públicas, sustentadas en una economía social que restableciera el potencial industrial y la capacidad productora de cada región. Esta dinámica expansionista y generadora de demanda agregada, se fortaleció con una política social y laboral inclusiva, para que el país consolidado generara recursos óptimos y seguros.

Sin embargo, los hechos, las circunstancias y ciertos resultados parecen indicar que hay objetivos pendientes. La profundización de algunas directrices de acción no alcanzaron la amplitud de  logros que se esperaba, sobretodo en la parcialidad de los  beneficios computados como misiones cumplidas y su alcance, de acuerdo a distintos sectores sociales.


EL ESCENARIO DE LOS RECLAMOS.

    En relación a las movilizaciones de hace unos días, en muchas ciudades del país, el periodista Mario Wainfeld dice en una nota suya, “Juan Carlos Blumberg en 2004, las patronales agropecuarias en 2008, ahora los neocaceroleros... para el kirchnerismo es un clásico que sus adversarios irrumpan en la calle o en las rutas en el primer año de sus mandatos. Hay recurrencias dignas de atención: siempre le toca en momentos de auge, con la oposición política diezmada. Siempre sorprende y excita a las tribunas de doctrina tanto como a los palcos VIP. Sin embargo, la historia no se repite como un calco, entre otros motivos porque las circunstancias cambian y los participantes tienen memoria. Nada garantiza que no cometan errores similares a los del pasado (la condición humana es demasiado falible para eso), pero la dialéctica de la historia jamás calca un escenario años después”.
Más adelante, testeando la sensación térmica de los sucesos últimos expresa, “La movilización del jueves movilizó mucho menos “gente” que el falso ingeniero (Blumberg) cuando irrumpió, pero superó las expectativas de propios y extraños. Mejoró la autoestima de la oposición, les infundió mística a los participantes, sentó las bases para otra movida. Los que estuvieron el jueves están motivados para repetir la jugada, hay condiciones para que amplíen su convocatoria. El éxito relativo atrae, la idea de que la asistencia es un grupo focalizado y estático peca de lineal”.
Evidentemente, este segundo párrafo transcripto, plantea un posicionamiento prudente ante esas manifestaciones y reclamos. La mirada sobre ese escenario no puede ser rápida y displicente, de parte del Gobierno Nacional. El tema merece toda la atención posible. La situación amerita un repensarse a sí mismo, en base a el fondo y la forma del proyecto nacional diagramado. Exige y optimiza la aplicación del método “crítico”, del que hablábamos al comienzo, sobre el panorama general y la situaciones dadas.
 Es cierto también, como lo dice Wainfeld en su nota que, “Nada definitivo ocurrió ahora, el Gobierno conserva la legitimidad que le confirió el pueblo y las bancas legislativas que le permiten concretarla. Su contrato electoral está intacto, es poco serio suponer que reforme (o que debería reformar) su rumbo general. Pero todo gobierno inteligente y atento a su conservación debe atender a la calle, pulsar lo que pasa, entender que la foto es una secuencia de una película cuyo argumento no está escrito”. Ese argumento o relato pendiente surgirá necesariamente, de la comprensión acertada de la realidad y sus circunstancias, de la articulación lo más sustentable y equilibrada posible de los reclamos y de los requerimientos que provienen de   diferentes sectores de la sociedad.
       El otro parámetro clave se corporiza en  la fortaleza estructural que debe seguir manteniendo el Estado “en sus medidas fundantes”,  ya que el tramo a recorrer es todavía largo, y tendrá que mantener los indicadores económicos activos y en lo posible de una altura satisfactoria de manera que, necesidades e intereses puedan convivir  indemnes. Este es el desafío crucial. Habrá que mirar con cuidado,  dice Wainfeld, “si en algún caso no se ha tirado al niño con el agua”, parafraseando ese dicho popular.
  En esa línea de precaución, muchas de estas cuestiones fueron abordadas en un congreso que se desarrolló en la Universidad de Córdoba, desde el espacio La Gran Makro, a través de distintos paneles de debate, para planificar cual es la estrategia a plantear para afrontar la crisis internacional, mercado de trabajo y pobreza, industrialización y administración del comercio exterior, los rasgos que asume la coyuntura en un mundo interdependiente agitado por nuevas confrontaciones y otros temas consecuentes. Es bueno, curar en salud.
Por supuesto, no habrá que perder de vista, el segundo concepto que encierra la palabra crisis, como vimos al principio de este comentario. Por lejos, mucho más estratégico y democrático que “el portazo épico” sugerido por el amigo Fontevecchia.

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