lunes, 10 de septiembre de 2012

15º aniversario del fallecimiento de Ricardo Carpani




Nació en el Tigre, Provincia de Buenos Aires, el 11 de febrero de 1930. Su infancia transcurrió inicialmente en el Delta, luego en Capilla del Señor (Córdoba) y más tarde en el barrio de Congreso, de Capital Federal. Hacia 1950 definió su vocación por la plástica estudiando en el taller de Emilio Pettoruti. Atrae su interés la pintura de Lino Enea Spilimbergo y los muralistas mejicanos. En la plástica puso la pasión de su vida, aunque también le preocupó “La Revolución”. Se enamoró de Doris Halpin, su compañera de toda la vida y colaboradora en su labor artística. Sus primeras obras de los años 1956 y 1957 llevaban por título “Pescadores” y “Desocupados”, en plena resistencia peronista.

La temática social y la forma vanguardista se aúnan en su primera exposición. Pero no se trató de la habitual plástica de la izquierda, ni del realismo socialista. Recreó a los trabajadores tal cual los sentía, ampliando sus dimensiones, acentuando su combatividad, deformando su figura -con ayuda del cubismo y el expresionismo- impregnando a la imagen un sentido colectivo amenazante. En 1959 integró el grupo “Espartaco” junto a sus compañeros Juan Manuel Sánchez, Mario Mollari, Esprilo Butte, Carlos Sessano, Juana Elena Diz y Pascual Di Bianco. El grupo lanzó su manifiesto, redactado por Carpani, y embistió contra el “coloniaje cultural y artístico”, producto de la sumisión del país al imperialismo y al control que “la oligarquía ejerce sobre los principales resortes de nuestra cultura, con su mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo genuinamente nacional y popular”. El arte revolucionario debe surgir como expresión monumental y pública. En 1964, participó de la creación del grupo “Cóndor”, con Hernández Arregui y Rodolfo Ortega Peña entre otros. Carpani acompañó la lucha de los trabajadores desde la resistencia y el Cordobazo en mayo de 1969. En todo ese período, el artista, se fue haciendo cada vez más conocido por el pueblo y sus afiches acompañaron las luchas populares en varios países latinoamericanos. Sin embargo siguió siendo un “maldito”, para los premios, los salones oficiales, las galerías de arte, las cátedras, “He sido marginado como consecuencia directa de mi militancia…, de poner los dedos en la llaga”.

Al producirse el golpe militar del 24 de marzo de 1976, se encontraba exponiendo en Europa y decidió no regresar. Allí permaneció exiliado varios años dando a conocer su obra e incursionando en  nuevos temas: el del porteño de los años treinta, el del mundo del tango. Sus hombres colosales, de manos gigantes, no protagonizaban ya grandes huelgas, sino que permanecían en profunda introspección, perseguidos, angustiados, desconcertados por la derrota. A su regreso con la democracia Carpani incorporó el color a sus obras y colocó al hombre que está solo y espera en una selva como símbolo de un capitalismo salvaje que imponía la flexibilización laboral y la desocupación de los trabajadores. Son “hombres en la jungla”, entregados a “la ilusión, la duda, la esperanza”.

A su vuelta el clima del país es todavía de temor por el genocidio reciente, pero la circunstancia de que su obra haya sido reconocida en Europa, le permitió quebrar la marginación. Asimismo, el reconocimiento que ya le ha hecho el pueblo latinoamericano es seguido por una invitación desde New York para realizar un mural con el rostro del Che. Poco más tarde, ya preso del cáncer, afirmó: “si tuviera que volver a vivir mi vida elegiría el mismo camino de lucha… Sin ningún tipo de concesión; sin haberle chupado las medias a nadie, alcancé el reconocimiento que ahora tengo”. El 9 de septiembre de 1997 falleció en Buenos Aires uno de los más grandes plásticos de América Latina. Al cumplirse el 15º Aniversario de su fallecimiento, la Dirección de Cultura y Educación, recuerda y evoca su trascendente figura en el Arte de nuestro país.

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